jueves, 3 de marzo de 2011

Concentración.

Empecemos bien o empecemos mal, estamos empezando.
Las dos. Sin excepción. Las dos juntas, como siempre.
A tí, llamémoste Ja. Y a tí, Sh.

Ja, siempre has estado ahí, en las buenas y en las malas, sobretodo en las buenas, pero más notable en las malas.

Sh, también has estado ahí, más escondida, pasando más desapercibida. Y se te veía más, sin duda, en las malas. A las divertidas ni te asomabas. Pero en las importantes estabas como un clavo.

Bien, chicas, mis pequeñas, es hora de que esto cambie. A llegado la hora de que os repartais los lugares, de que Ja haga un hueco mucho más grande a Sh, porque realmente: lo necesita.
Y esto, es muy importante. Esto, más que importante es vital. Sin esto, no puedo seguir. Si esto no se modifica, estoy acabada.

Sh, siempre te amé, tengo que confesarlo, pero cada vez que he intentado llegar hasta tu interior, Ja me lo ha impedido.

Ja, siempre te he adorado, no quiero perderte, eres una de las pocas cosas que tengo, y no quiero que desaparezcas de mi vida, pero necesito pasar más tiempo con Ja. Solo te pido una cosa: no permitas que te olvide.

Os amo a las dos, pero… para conseguir lo que quiero necesito la ayuda de Sh.
Cuando lo consiga, cuando sea capaz de ello, cuando el recuerdo de Ja no me despiste, la llamaré, tendremos años de pasión, todo será maravilloso y podré incluso sentarme a la mesa con las dos.
Podremos ser una, completa, uniforme.
Y no lo que somos ahora.

Esto es lo que he aprendido hoy: que puedo hacerlo.

viernes, 21 de enero de 2011

Frágiles.

Es increible la facilidad con la que una persona puede morir.
Cualquier persona.

Cualquiera.

En cualquier momento.
En cualquier situación.
En cualquier escenario.
En cualquier compañía.

Me da miedo. Me da miedo. Me da miedo.
Y me seguirá dando miedo mientras esté viva.

Sé que es algo básico. La vida y la muerte.
No es que vea la muerte como algo malo en sí.
En absoluto.

Solo me duele el dolor.
Recordar las últimas palabras.
Intentar hacer selección de los mejores momentos vividos con alguien que ya no está.
Preguntarse eternamente si queda algo "vivo" de ese ser.
Tratar de despejar la incógnita de lo que nunca pudiste preguntar.

Me atormenta ser consciente de que cada momento puede ser el último.
De que no hay nada que asegure un minuto más.
De que un golpe seco puede ser lo último.
De que la muerte puede verse sin abrir los ojos.
Me angustia intentar hacer como que no es tan grave.
Me asusta la violencia con la que las cosas ocurren.
Me aterroriza la crueldad que podemos llegar a alcanzar.
Me sigue horrorizando que cada vez veo más cierto que la realidad supera a la ficción.

Estoy destruyéndome, estoy comiendome las paredes de la piel por dentro, estoy derramando lágrimas que nunca voy a querer, estoy conviertiéndome en un ser trágico, en un ser dramático, en un ser aterrado.

No tengo miedo a la muerte, tengo miedo al sufrimiento, tanto mío como ajeno.
He visto sus rostros y los suyos.
He sentido unos y he sentido los otros.
He sabido que era cierto hace poco.
He sido consciente de la inconsciencia del tiempo.

No quiero recordar. Quiero poder vivirlo.
Quiero el directo de la mirada.
No reposiciones de palabras en las bocas de otros.
Quiero que tengais lo que nadie puede.
Quiero morir antes que ellos.
Quiero ser egoista y hacerlo.


Es increible la facilidad con la que una persona puede morir.
Y es increible también que no nos demos cuenta de que todo lo que queremos son personas.

Y no personas cualquiera.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Dias de lluvia.

Yo también me echo de menos. Pero de manera diferente, y hasta ahora sin precedente.
Me echo de menos porque no sé llorar como antes. Y si lo hago, me siento mal.

Te echo de menos a tí también, pero como algo cálido y con deditos. No me gustas con espacios, ni en arial.

Pero te juro que es muy raro todo.
Como si... no hubiese despertado.
¿Igual estoy muerta? ¿Igual me volví loca? ¿Igual mi realidad es totalmente ficticia?
Sea cual sea la respuesta, he de estar loca.

Pero ya no tengo melancolía, ya no tengo días de lluvia, ya no tengo paseos tristes en los que no sé quien soy, pero me gusta.
Y sí, los echo de menos.
Y echo de menos a aquel yo.
Pero, ¿sabes una cosa? Todo eso que no quieres leer, todo lo que no quieres oir, todo lo que tendrás que evitar ver cuando me mires a los ojos.
Todo eso, repara la herida que podría tener por haberme perdido, porque todo lo que he ganado, todo el autocontrol que me ha ayudado a encontrar, todo el conocimiento, de mí, del mundo, de él, la llave de esa puerta que siempre estuve buscando, el empujón para hablar conmigo misma, y que no hubiese ruido de fondo. Las dos, una, solas en un salón flotante, sin luz pero luminoso... pensando.

El echo de saber que no puedo caer, que no puedo no tener un objetivo, que tengo sentido, que aunque muriese no podría estar muerta, y que si vivo no puedo estar más viva...
El echo de tener a la persona perfecta para mí, conmigo, y todo lo que eso conlleva no lo cambio por los días de lluvia.

Y nadie mejor que tu sabe cuánto amo los días de lluvia.
Y correr, y llorar... sin que nadie se de cuenta.

miércoles, 2 de junio de 2010

Resurrección

Es cierto que es la tristeza quien suele invitarme a crear frases que la mayor parte de las veces no llegan a ser ni siquiera un apunte en la esquina de un folio con una escaleta pintarrajeada, y es precisamente por el permanente abandono de esta situación por lo que ahora ocupan una hojita exclusiva para su descanso.

Requiescat In Pace, nostalgias del pasado.
Descansad, que bastantes itinerarios suicidas habeis tenido que recorrer.

Y es ahora, cuando todos duermen (como de costumbre) y cuando mi cerebro parece haber alcanzado el auge de libertad, que venis a visitarme como endiablados susurros de la madrugada.

¿Qué tipo de persona, continuando mi existencia, sería si desaparecieseis para siempre? ¿Si os obviase, despreciando todo vuestro trabajo? ¿Si os guillotinase sin piedad evitando recordar todos vuestros opacos frutos de sensaciones?

Lo más lógico sería una respuesta del tipo "feliz".
Pero lo más acorde a este modus operandi es contestar lo contrario.

Nos os echo de menos, bonitas mías, pero os vigilo desde no muy cerca para que no os escabullais con la misma rapidez que cruzais estos arrugados sesitos.

Presente simple, algo complejo.

Aprovecho, como se puede observar, cualquier ápice de agonía y lo exprimo, lo retuerzo, lo muerdo, lo devoro, me lo bebo, lo trituro... hasta que queda tan seco y tan tieso que puede confundirse con un trofeo a la Madre Naturaleza. No por su sabiduría, sino por su crueldad.

Pragmático, suave, generoso, empático, in-aparente, caprichoso, serio, locuaz, inmortal, inexistente quizá, singular, (I) común, protector protegido, silencioso, lujurioso, sedante, letal, meticuloso... mi paradigma vital.

Presente compuesto, fácil de desear.

Nada es lo mismo, ni lo sería. Lo mismo que ¿qué?, que ¿cuándo?, que ¿quién?
Déjame echar un poco de almibar a la sal.

Y no te preocupes, al igual que puedo vigilar otras cosas, mantenemos bien engrasado este muellecito de mi estómago para que siga impulsándose con su vital "clic", cuando apareces o me imagino que eres tú.




Y una noche más compartiendo celda con Felipe V, esperando con rapé y una tacita de té a que aparezca Farinelli para curarnos esta dichosa locura melancólica.

domingo, 26 de julio de 2009

Limón.


Mira que ponerme triste con un limón...

Si, con un limón, bueno, no, con un limón no. Con una media rodajita de limón.

Ese pobre frutito partido, separado de su totalidad e insertado en una comunidad de hielos y bebida gaseosa.


Acompañadito, al fin y al cabo.

En realidad solo al principio, porque con la bebida yo misma fui haciendo lo propio, y con los hielo, el ambiente.


El caso es que el limoncito se ha quedado encajado entre las paredes del vaso de tubo casi como flotando.

Casi con un ser libre, sin ataduras, pero con ellas, por muy transparentes que sean, Y ahí se queda, sobre un mar oscuro y bajo un cielo de humo gris.


Así que yo, tan empática como siempre, me pregunto si no tendré complejo de cítrico.

lunes, 20 de julio de 2009

Creo en tí.

Creo en tí. Y mira que es insensato, pero creo en tí, porque sé quien eres.
Creo en tí porque sé que nunca me dejarías caer.
Y mira que es raro después de haberme abandonado, pero creo en tí y creería cada una de tus palabras. Incluso esas que tanto me destruyen.

Creo en tí sobretodo ahora que has dejado de creer en tí mismo y has permitido que otro nombre que no es ni tu segundo ni tu primero te cubriera la piel con la salsa de mi mismo imán con la idea de repelerme.

Y aún así sigo creyendo en tí. Porque me hiciste creer en mucho más que en tí, y aunque todo lo demás falle seguiré creyéndote como una ciega estúpida a la que le han robado la religión.

No me creas si no quieres, me trae sin cuidado, pero no tengas dudas en creer que incluso el día en que con tus propias manos remates la faena de mil cuchillos seguiré creyendo en tí y en ese dia en el que ambos creimos en el cariño más profundo y en todo aquello que finges no recordar.


Guardame como algo bonito y en lo que siempre podrás creer, y creetelo porque te digo esto el día en que no puedo sentir más dolor gracias a tí.

viernes, 3 de julio de 2009

I only want to know what's your name...
















Te imagino en la mesa de enfrente, con el cigarrillo en el cenicero despidiendo humo en linea recta vertical.




Te miro, veo tu pelo color paja y tu sombrero negro, la chaqueta con cremalleras está tras de ti enrollada sobre sí misma.




Me miras con ojos grises y creo que me ves, mientras tu tobillo izquierdo descansa sobre tu rodilla derecha formando un triangulo perfecto con la pierna.




Apartas la mirada, coges el cigarrillo y das un traguito de café, posas el vaso y con esa misma mano inhalas el humo que nos mata poco a poco.




Dejas caer tu cabeza hacia atrás y mientras lo expulsas me miras de reojo un instante. El instante justo en el que se me escapa media sonrisa y vuelvo a guardarla...

...tarde.



La has visto.

Vuelves a fumar, y mirándome fíjamente, el humo de tu sonrisa dibuja una "V", con caligrafía de hombre vividor.

No te importa compartir conmigo este instante, y a mi tampoco.



Ambos sabemos que no volveremos a vernos.

Y justo, en el momento preciso, por el ventanal a tu espalda pasa una chica con crisis existencial que puede sentirse afortunada por tener un alma libre junto a ella (y que se llama igual que aquella mala perra con camisa blanca de topitos negros).


Alma libre como la tuya, como la de todo aquel que tiene un cráneo diseñado para llevar sombreros.

Y me siento más unida, si se puede al alma libre que es como la mía, y ojalá como la tuya.


Apagas tu cigarrillo y me presentas tus dientecitos, ligeramente separados por delante, como a mí me gustan.
Te levantas y te acercas... ¡No faltaba más!

Te susurro una frase anhelante en inglés, pues sé que es el único idioma verbal que puede unirnos, y mientras apoyas tu exquisita mano mi hombro me acaricias con tu respuesta el oido.



Esta vez la música no está tan alta como en aquella vida y no tengo que pedirte que lo repitas.



Tu nombre sigue siendo el mismo y suena igual que aquella fatídica vez.
Y vuelves a volar.