viernes, 11 de marzo de 2011

La rosa de mi amigo.

Una rosa blanca, de tu amigo. Sé que no fué él quien te la dió.
Y no me has mentido.
Sé que sientes que él te la dió como yo sentí al cogerla.
La mía, fue roja.
La tuya se está secando.
La mía se secó.
La tuya la guardarás.
La mía la guardé y, un día, desapareció.
No voló, ni se fue, ni se desintegró y creo que fue en el preciso instante en el que vi su hueco vacío cuando comenzó a hacérseme más dificil inventar bonitas historias para objetos perdidos.
Ella terminó en la basura, sin quererlo quien lo hizo, sin saber lo que era y quizá, aunque en su momento pensé que había ocurrido algo malo... quizá me hizo un favor.
Pero al verte a tí y ver tu rosa, me hiciste recordar. Parece ser que reconforta un poquito el corazón llevar contigo, en un día de horror algo tan bello como una rosa.
Aunque esté muerta, pero es lo que toca.

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