Eso es lo que se dice cuando abres los ojos después de haber estado varias horas enfundada entre sábanas y cojines y suena el despertador…
Eso lo que se dice cuando vas en el tren y el trucutrú te adormila, y cuando para en cualquier estación… te despiertas.
Eso es lo que se dice cuando ves un documental maravilloso acerca de unos peces extraordinarios que se
hinchan y nadan, y brillan y vuelan, y corren y pastan… que te despiertas.Porque te has quedado dormida.
Porque de repente te das cuenta de que las cosas no tienen sentido.
Los peces no corren, no vuelan y no pastan.
Nunca viajas en tren desde que aquel francés desesperado se lanzó a la via en un acertado intento de acabar con su vida, desde que viste sus restos esparcidos en los railes.
En realidad nunca viajas desde que leíste ‘El tren nocturno de la carne’.
En realidad nunca viajas en tren porque no tienes con quien.
Que te despiertas… cuando las cosas pierden el sentido.
Te levantas, flotas hasta la cocina esquivando los muebles del pasillo que te dan los buenos días, el vaso de leche te mira y las galletas flotan esperando a que las cojas con tu cazamariposas amarillo.
Las cosas pierden el sentido… y te despiertas.
Es como la medicina contra el caos, es como romper la inestabilidad y volver a pisar tierra.
Pues, menuda mierda.
Cuando las cosas empiezan a perder sentido, cuando vas a despertarte, ahí es donde empieza lo bueno… ahí mandas tu, porque es un sueño, es tu sueño, y puede convertirse en el secreto mejor guardado de la historia de la humanidad, o en un relato que leerán generaciones enteras.
Algo asi como las pesadillas del bueno de Edgar.
Y hablando de pesadillas, de sueños y de vigilia… ¿qué hago ahora?
Digo ahora.
Ahora que las cosas comienzan a perder el sentido y por mas que me pellizque, no logro despertar.

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