domingo, 30 de marzo de 2008

El caballo que se convirtió en croqueta.

Esto me lo han contado, en realidad no tengo ni idea del grado de veracidad que contiene esta historia, pero el caso es que tal y como me lo contaron a mi, lo escribo aqui.

Así era un día en el que un caballo galopaba por el borde de un rio.
Así era el día, así como los días de hoy en día, los que se suceden unos detras de otros.
El caballo galopaba, bueno, galopaba y trotaba... tacatán, tacatán, tacatán...
tocotón... tocotón... tocotón...
El rio no decía nada, era un río un poco soso.
Ni pizca de sal.
A pesar de llevar el mismo rumbo ninguno decía nada, el uno por lo soso, y el otro, porque se le había olvidado hablar.
Llevaba tanto tiempo encerrado en aquel planeta que se le había olvidado como era la galaxia.
Y alguien que no frecuenta el cosmos, es imposible que diga nada inteligente del tirón.
De pronto frenó... csssss... contra la arenilla del suelo.
Csssss decía la arenilla, csssss... pero como siempre, nadie le escuchó.
Y mira que habla veces, pero nada, nadie nunca nada.
Un frenazo, un caballo, una razón.
La razón de que no sabía a donde iba.
Todos los días hacía el mismo recorrido, daba una y otra vuelta alrededor de aquel planeta, siempre veía las mismas cosas, siempre junto a aquel mismo rio, y rotase por el paralelo que rotase, bifurcase sus caminos por el meridiano que los bifurcase, siempre era lo mismo.
Su vida de caballo era tan aburrida, que se preguntó, por primera vez, si podía existir algún ser en ese planeta mas aburrido que él.

La respuesta llegó rodando.

- Hola.
-... - el caballo no se acordaba de como hablar.
- Soy una croqueta - dijo con una marcada voz de croqueta.
- ...- pero el caballo no se acordaba de hablar.
- Veo que sigues sin acordarte de hablar.
- ... - dijo.
- Veo en tus ojos de caballo que quieres cambiarme la vida.
-... - el caballo supo que contestar, pero no se notó.
- De acuerdo, si insistes, lo haremos.

No hubo destellos, ni luces brillantes, no hubo olores mágicos ni sonidos melodiosos, ni siquiera rayos relampagueantes.
Lo único que pasó fue que de repente, lo que antes era un caballo ahora era una croqueta gigante, y lo que antes era una croqueta ahora era un caballo diminuto.
Antes de que la croqueta gigante pudiese decir ni arre ni so, el minicaballo salió despedido haciendo gritar a la arenilla cssss... csssss...

Sin saber que hacer, el croquetón se lanzó a rodar, y rodó por todo lo curvo del mundo. Rodó por cada uno de los paralelos y meridianos del mundo, rodó y rodó.... y rodó.... y comprendió, que ser una croqueta era un millón de veces más aburrido que ser un caballo.

Pero ahora, que se restregaba contra el suelo, podía sentir como su pan rallado y la arenilla disfrutaban noche y día de los placeres del cscso y de que nadie en el mundo tuviese nada que objetar. Y de que nadie en el mundo tuviese nada que decir. Y de que nadie en el mundo podía ser mas feliz que aquella croqueta gigante, rodante, aburrida y llena de arena.

Que te despiertas



Eso es lo que se dice cuando abres los ojos después de haber estado varias horas enfundada entre sábanas y cojines y suena el despertador…
Eso lo que se dice cuando vas en el tren y el trucutrú te adormila, y cuando para en cualquier estación… te despiertas.
Eso es lo que se dice cuando ves un documental maravilloso acerca de unos peces extraordinarios que se hinchan y nadan, y brillan y vuelan, y corren y pastan… que te despiertas.

Porque te has quedado dormida.
Porque de repente te das cuenta de que las cosas no tienen sentido.
Los peces no corren, no vuelan y no pastan.
Nunca viajas en tren desde que aquel francés desesperado se lanzó a la via en un acertado intento de acabar con su vida, desde que viste sus restos esparcidos en los railes.
En realidad nunca viajas desde que leíste ‘El tren nocturno de la carne’.
En realidad nunca viajas en tren porque no tienes con quien.

Que te despiertas… cuando las cosas pierden el sentido.

Te levantas, flotas hasta la cocina esquivando los muebles del pasillo que te dan los buenos días, el vaso de leche te mira y las galletas flotan esperando a que las cojas con tu cazamariposas amarillo.

Las cosas pierden el sentido… y te despiertas.

Es como la medicina contra el caos, es como romper la inestabilidad y volver a pisar tierra.

Pues, menuda mierda.

Cuando las cosas empiezan a perder sentido, cuando vas a despertarte, ahí es donde empieza lo bueno… ahí mandas tu, porque es un sueño, es tu sueño, y puede convertirse en el secreto mejor guardado de la historia de la humanidad, o en un relato que leerán generaciones enteras.
Algo asi como las pesadillas del bueno de Edgar.

Y hablando de pesadillas, de sueños y de vigilia… ¿qué hago ahora?
Digo ahora.
Ahora que las cosas comienzan a perder el sentido y por mas que me pellizque, no logro despertar.