
Mira que ponerme triste con un limón...
Si, con un limón, bueno, no, con un limón no. Con una media rodajita de limón.
Ese pobre frutito partido, separado de su totalidad e insertado en una comunidad de hielos y bebida gaseosa.
Acompañadito, al fin y al cabo.
En realidad solo al principio, porque con la bebida yo misma fui haciendo lo propio, y con los hielo, el ambiente.
El caso es que el limoncito se ha quedado encajado entre las paredes del vaso de tubo casi como flotando.
Casi con un ser libre, sin ataduras, pero con ellas, por muy transparentes que sean, Y ahí se queda, sobre un mar oscuro y bajo un cielo de humo gris.
Así que yo, tan empática como siempre, me pregunto si no tendré complejo de cítrico.

