domingo, 17 de mayo de 2009

Destinada al aborto.

Hablo desde el exterior del ser que pugna por salir.
Me quedé embarazada cuando tenía 17 años.
Y aborté hace poco, cuando el embrión contaba con unos 19 años de edad.
Quizá algo menos, pero no más.

Me preñé de Rabia al fin y al cabo, aunque el polvo fue espectacular.
Duró aproximadamente 17 meses completos.
Durante este tiempo hubo algunos problemas con la protección y mi organismo se dañó.

Lo que parecía incurable no lo era tanto.

Los fluidos se desintegran.
Siempre.
Incluso cuando no quieres.

No existe piel ni mucosa en este mundo que sea capaz de conservar tal líquido durante toda la vida.
Puede que tiña, que queme o que decolore, incluso que deje cierto olor… pero solo son marcas, cicatrices íntimas.

Como decía, hace poco tiempo que aborté.
A decir verdad fui destripando al feto poco a poco.
Sufrió, lo sé porque yo tambien sentía su dolor.
(Al fin y al cabo soy quien lo gestaba)
Pero una vez muerto todo se calma.
Como la rabia y el perro.
Como el agua al morir en la cascada del final del río cruzado.

Dije que estuve embarazada de Rabia y así fue.
Ahora digo Rabia.
Antes mi niña se llamaba Encanto.

Mañana, cuando me despierte, o esta mañana al despertar su nombre será Nulo.

La muerte no entiende de sexos. Ni fue niño ni niña. Fue Nulo.
Todo fue Nulo. Nulo lo fue todo durante aquellos 17 meses de placer.


Y todo esto por no utilizar protección.

El problema es que en la aldea donde yo vivo no existe método anticonceptivo lo suficientemente eficaz para mis noches salvajes.
La cuestión es que le pongo demasiado empeño, que me emociono extremadamente y que la excitación del momento no tiene límites.


El caso es que he vuelto a quedarme embarazada.
Casi de manera superpuesta…
O sin casi.

Ahora mismo estoy haciendo el amor como una loca.
Llevo 7 meses follando sin parar.
Este no es el momento cúlmen, y me encuentro muy lejos del climax, pero ya que sé que (muy a mi pesar) me he quedado embarazada… ¿qué puedo hacer mejor que luchar por tener un orgasmo?
Y no hablo de uno sin más.

Hablo de uno duradero.
Sé que no podrá durar toda la vida, de hecho tampoco lo quiero así, pero me apetece retorcerme de placer durante un tiempo -segundos, minutos, horas, días, meses, años… -me da igual cuanto, pero retorcerme.

Re-tor-cer-me.



Se podría decir que soy un ser curioso… tan embarazada y tan virgen.